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A veces los niños nos dan ejemplos de valor y esperanza durante minutos de terror... Chile, terremoto 2010.
Un cantito de esperanza.
Era un fin de semana que marcaba el fin de la temporada de verano. La atmósfera del país giraba este año, en torno al bicentenario de la independencia, cambio de mando del nuevo gobierno y ese día particular, el Festival de la Canción de Viña del Mar cuando toda su farándula ocupaba los principales programas en los medios de Comunicación, a veces con temas indolentes y vanidosos. Aquél día cerré mi computador personal y me fui a dormir ya un poco trasnochado. Sin embargo, a poco de descansar por tan sólo una hora, desperté con una sensación extraña, no obstante puse los pies en el suelo cuando sentí el leve movimiento de los ya acostumbrados sismos de este Chile tradicio-nalmente "telúrico". El movimiento se hizo cada vez más intenso y mi mujer también se incorporó interrumpiendo, en su caso, bruscamente su dormir. La sensación era angustiosa, como si nuestra casa fuera ahora una especie de tren en movimiento de brusco vaivén. Fogonazos de interruptores del alumbrado público iluminaban como relámpagos la noche... el tiempo se hacía eterno, porque además, fue un terremoto
más largo de lo acostumbrado, casi dos minutos.
Mayor angustia era pensar en ese momento en mi hija y mi sobrina, ambas de 12 años, quienes, aquél día estaban acompañando a su abuela como últimos días de vacaciones de verano. Cuando pudimos llegar a casa de mi madre, las pequeñas nos abrazaron descargando sus llantos, estaban ahora en los brazos de sus madres respectivas; era la primera vez que vivían aquella traumática experiencia. La abuela, relató emocionada los momentos de aquella terrible experiencia de sobreponerse para cuidar a sus nie-tecitas. También detalló que durante esos minutos angustiosos, las niñas se pusieron a cantar a Dios muy tranquilas, sus vocesitas llenaron el lugar en medio del ruido subterráneo a la vez que las cosas caían y la gente que corría desesperada y asustada. En medio de ese trance surgía un cantito de esperanza que Camila y Marianne infundieron en aquellos tensos y complicados momentos.
Una campanada de vida.
Muy lejos de allí, a 435 millas del continente, se halla el Archipiélago de Juan Fernández, una pequeña caleta de pescadores y cuna de inspiración del clásico de la literatura "Robinson Crusoe" escrito por Daniel Defoe.
Martinna Maturana, también de 12 años, residente en la isla e hija de un policía de la dotación de Carabineros de Chile, recibió el llamado desde el continente por parte de su abuelo, informándoles que el terremoto no les había causado daño. A su vez, su madre les tranquilizó respondiéndoles que en la isla no había problemas.
Aún así, la pequeña Martinna en aquél fatídico día, se levantó a orar, tenía presentimientos, le dijo a su padre de extraños ruidos que había sentido, pero él la tranquilizó. Martinna siguió su intuición y por iniciativa propia fue hasta la plaza a tocar el gong dispuesto sólo para avisar tsunamis; eran las cuatro aproximadamente cuando la ola ya entraba hasta la plaza. El gong se tocaba con una especie de fierro y relata que no lo encontraba. Se estaba poniendo nerviosa pues los botes se estaban acercando.
Su desición salvó a 600 personas. "Toqué para que despertaran" -dijo-luego corrieron todos hacia el cerro. La ola subió 328 yardas y lo devastó todo a su paso.
Dos historias verdaderas, tres niñas de la misma edad que en su medida, devolvieron la esperanza y la confianza a quienes vieron cara a cara el miedo |
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Con el inicio del nuevo año maya, comienza segun los pertenecientes a esta etnia, un periodo de paz y armonia cobijado por el Venado.
El venado es un ser muy venerado y respetado en esta cultura milenaria. |
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Miles de árboles han sido salvados en Latinoamérica gracias a las estufas Lorena. Al mismo tiempo han ayudado a mejorar la salud de niños y mujeres que antes eran expuestos a una gran cantidad de dióxido de carbono emanado de la gran cantidad de leña quemada.
En la imagen Laura Castro, de La Laguna, una comunidad marginal hondurena, muestra su estufa, construida con materiales encontrados en la naturaleza.
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Tras el sismo que sacudió a Chile, el ejército apenas se da abasto para controlar a las turbas. Los propietarios de los supermercados ofrecen gratis la comida para frenar los desmanes y el precio del agua embotellada y el pan se ha multiplicado por tres. |
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