lagangaonline.com
8:58 p.m., 5/18/2012 | 55°

Al Acecho

7/24/2011, midnight

La definición académica des¬cribe que un coyote es un tipo de lobo pequeño, que sigiloso pesca a una oveja y se la tra¬ga. La palabra "coyotear" esconde a un pillo que hace de intermediario en cualquier negocio que pueda sacar ven¬taja. Pero la palabra coyote en México es sinónimo de abuso, de criminalidad, de un tipo que se aprovecha de migran¬tes que tienen la ilusión de llegar a Estados Unidos.

Dicen que son "un mal necesario". La frase es polé¬mica, sobre todo ahora que se sabe que entregan migrantes a la organización criminal de Los Zetas, que en agosto pasado ejecutó a 72 indocu¬mentados. La realidad es que para algunos, los "servicios" de los coyotes resultan útiles, pero muchos otros, han sido víctimas de sus fechorías.

De los coyotes que habla¬mos, los del sur, los de la frontera de México con Guatemala, son esos que ace¬chan el rebaño de migrantes de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Brasil, Colombia e, incluso de la propia, Guatemala para internarlos o perderlos en territorio mexicano.

A los centroamericanos les cobran entre 4 y 5 mil dólares por llevarlos des¬de Guatemala o Tapachula, Chiapas, hacia una ciudad de

Estados Unidos. A la gente que procede de Sudamérica 15 mil y si vienen de otro conti¬nente, como el africano, has¬ta 20 mil dólares.

Los coyotes que trabajan en la frontera sur de México también son centroamerica¬nos y mexicanos. Muchos de ellos engañan a los migrantes, les roban el dinero y los dejan botados en el camino, en el mejor de los casos.

A Edwin, un colombia¬no que hoy permanece en Tapachula en espera de otra oportunidad, le fue muy mal con el coyote. En Agua Caliente, Honduras, lo con¬trató por 2 mil 500 dólares y lo subiría hasta el río Bravo, en Matamoros. La ruta fue Esquipula, de ahí a Santa Elena, en El Salvador, y final¬mente el Petén, en Guatemala.

Días después, dice que en Tenosique, Tabasco, a él y a otras familias los entrega¬ron con Los Zetas. "Lo aga¬rré porque quería venir más seguro, pero el problema es que el pollero trabajaba para ellos. Nos entregó, cobró su dinero y los otros nos llevaron a la frontera".

Edwin asegura que todo fue como un secuestro, los tuvieron en una casa de segu¬ridad, y les pidieron hablar vía telefónica con sus familiares en Estados Unidos. Querían 10 mil dólares por pasarlos al otro lado. "Había seis o siete cab...nes que estaban armados. El que no paga¬ba lo tableaban y los iban a dejar a las vías o quién sabe qué pasaba. La gente esta¬ba llorando". La familia de Edwin pagó y lo entregaron

en Houston, Texas. Meses después lo detuvo la migra y lo deportaron.

MISIÓN IMPOSIBLE. El mayor riesgo para los migrantes cuando viajan solos es que al rodear cualquier caseta de migración los estén esperando los maleantes para atacarlos.

No es necesario buscar¬los debajo de las piedras. En la plaza de Tapachula cual¬quier persona puede saber dónde encontrarlos. El joven de cachucha, lentes oscu¬ros y una cruz en el pecho se acerca. Dice que sólo tra¬baja con "papeles". Que lo lleva a uno con la "doctora" de Migración de México, en Chiapas, y que ella tramita la visa de trabajo conocida como FM3. "Usted no va a hacer nada, yo hablo con ella, yo tengo el contacto". Insiste en ir a un hotel de paso donde ya tiene otras visas que ges¬tionó para varios migrantes nicaragüenses. Cobra 4 mil dólares por el viaje a Texas. Dos mil ahora y otros dos mil en Estados Unidos. "Se necesita dinero para pasaje de autobús, comidas y hos¬pedaje. De aquí tomamos un camión y luego otro que nos lleva a Tamaulipas, allá los entrego con mi jefe y él los pasa. Llámame porque sali¬mos mañana mismo", dijo y se alejó.

Luis Maldonado de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) dice que los coyotes les cobran a los centroamericanos entre 5 y 7 mil dólares por llevarlos a EU. "Si es de otro continente hasta 15 ó 20 mil dólares. Es un precio establecido".

Durante muchos años, los migrantes que llegan al pueblo de Tecún Umán, en Guatemala, —ubicado a las orillas del río Suchiate— han sido presa fácil de los coyo¬tes o polleros de la zona. Hambrientos, se pelean por ellos, los jalan, les prometen que es más barato, que con ellos es más seguro, que no hay pierde y que les ayudarán a realizar su "sueño america¬no".

Tecún Umán tiene ahora una terminal de autobuses nueva y pintada en amarillo, que parece una antigua esta¬ción de tren. Ahí, cada hora llegan entre 60 y 70 migran¬tes —según cifras del Flacso— procedentes de diversos paí¬ses de Centro y Sudamérica.

Flacso realiza ahora un censo al migrante que va entrar a territorio mexica¬no en el que pide su nombre, nacionalidad, edad y desti¬no final. Aparte, les otorga credenciales de trabajado¬res fronterizos y de turistas. "La idea es que sean tratados como si fueran mexicanos", dice Karina, una de las traba¬jadoras de esa institución.

Pero en algo que pudie¬ra considerarse la legalidad dentro de la ilegalidad no sólo aplica el censo, sino que también se trató de llevar un control de los coyotes y se les otorgó gafetes como "orien¬tadores de pasajeros".

Luis Maldonado, coordi¬nador del proyecto, dice que el problema principal que se registraba en la frontera era que los coyotes engañaban a la gente. "Les decían que los iban a llevar para el nor¬te. Los hacían caminar dos o tres calles y los dejaban tira¬dos en la ribera del Suchiate. Les sacaban entre 200 y 500 dólares. No sólo los robaban, sino que algunas mujeres eran víctimas de violación". Desde hace más de un mes la Flacso registró a 10 en un intento por mantener con¬trolado algo que no se puede evitar: "Esperamos que a esas personas que se les dio la con¬fianza no cometan errores".

Unos de estos "orienta¬dores" dice que lleva más de 12 años pasando migrantes a México. Su padre también fue coyote. Ambos eran tri-cicleros —en esta ciudad es el transporte más común— y también camarista —los que en cámaras de llanta cruzan a la gente de una orilla a otra del río Suchiate—. Dice que su comisión es de 20 a 30 dólares por llevar a la gente hacia el ferrocarril carguero que sube de Chiapas hacia Tabasco y Veracruz. Si los migrantes quieren ir hacia Oaxaca los lleva en transporte públi¬co, los baja antes de pasar la caseta, la rodean junto con sus migrantes y luego vuelve a tomar otro autobús.

Otro de sus compañeros dice: "La verdad es que algu¬nos (de los coyotes) han tra¬bajado mal, tal vez no han res¬pondido a la gente, les piden entre 50 y 60 dólares por lle¬varlos a Tapachula —ciudad que está a menos de una hora de la frontera— y aquí noso¬tros los llevamos por el míni¬mo dinero".

Lo cierto es que los coyotes siguen siendo el mal necesario que nadie quiere ver.

También de interés

Más Recientes

Google Analytics Alternative