Superacion Personal
2/10/2012, midnight
Continuación de nuestra edición pasada #787 Puse manos a la obra. Alquilé un disfraz de Hada para Aurora. Personalmente armé el sombrero tal como ella lo quería. Luego, con unas telas viejas improvisé disfraces para toda la familia. No tuve tiempo para cocinar, así que encargué sándwiches y masitas en una confitería.
Nos encontramos todos los amigos, vecinos y familiares en la puerta del Hospital. Cada uno debía traer la bebida que consumía. Subimos tratando de guardar el mayor silencio posible. De pronto recordé que con el apuro de preparar todo y cargar el auto con la comida me había olvidado el disfraz de Aurora en casa, colgado de una percha. Me invadió la desesperación. Ya era la hora. ¿Cómo podía haber olvidado lo más importante?-¡Un momento! Dije. ¡Me olvidé el disfraz de Aurora!-Todos me miraron con cara de reproche. ¿Y ahora que hacemos? Dijo mi mamá. -!Yo voy a buscarlo ! Gritó
Tomás Pero ya habían abierto la puerta de la habitación. La cama estaba vacía y no había ninguna enfermera cerca para preguntarle que sucedía. Parecíamos todos locos. Disfrazados de pollo, de oso, de mendigo, de caperucita, de chapulín colorado, abarrotando los pasillos de un hospital. De pronto, vimos que la enfermera de turno se acercaba rápidamente. Nos abalanzamos con preguntas. Queríamos saber donde estaba Aurora.- ¿Ya están listos para la fiesta? Preguntó con su proverbial sequedad.- ¡No! Olvidé el disfraz de Aurora. Pero ya mando a alguien a buscarlo.
-La hora señalada ya pasó. Queme el disfraz. Respondió la enfermera sin cambiar la cara. Y agregó: -Aurora sufrió un paro cardíaco, pero va a estar bien. Ya van a ver. El comentario de la enfermera me hizo pensar que ella sabía mucho más de lo que aparentaba. Y que lo que Aurora veía no era producto
de la medicación. Que había algo real que nadie se atrevía a comentar.
Siguiendo el consejo de la enfermera, lo primero que hice al llegar a mi casa fue quemar el disfraz, algo que Aurora jamás me perdonó. Pero no me importó. Íntimamente sabía que mi olvido la había salvado de una muerte anunciada. Al día siguiente Aurora estaba en perfectas condiciones. Pero enojada. Muy enojada conmigo. Decía que le había arruinado la fiesta. Que todos sus amigos habían desaparecido por mi culpa. Que yo era una desconsiderada. Que ella jamás se hubiera olvidado de traer un disfraz. En pocos días le dieron el alta y volvió fresca como una lechuga a su casa. Sus amigos invisibles, que tanto la divertían, habían desaparecido por completo. Tal vez estén organizando otra fiesta de disfraces en otra habitación del hospital. FIN









