Aquel partido...
1/27/2012, midnight
El chamaco de 9 años recorre las cuatro esquinas de la cancha: defiende, ataca, grita, motiva a sus compañeros, protesta las decisiones del árbi-tro. Dribla, remata, pasa, dispara. Constantemente busca con su mirada la portería del equipo rival. "El Chicharito" -ya lo llaman así— quiere afanosamente meter gol. Es la final del torneo de fútbol del Instituto Piaget, un colegio al que acuden niños de la sociedad cla-semediera de la ciudad de Morelia, en Michoacán. Quizá la modesta cancha de cemento, cuyo lado más largo se recorre en 20 pasos, no tenga las dimensiones del espectacular Oíd Trafford, donde jugaría años después, pero la emoción podría ser parecida. Javier Hernández Balcázar se mueve en el teatro de sus sueños.
El Chicharito y su equipo, la selección del 40 A, están enfrascados en una sórdida batalla contra sus enemigos del 40 B, donde juega el temido Rogelio Pallares Lemus, un futbolista más efectivo que el pequeño Javier.
"ElPichi" —asile dicen al goleador de la escuela-es más habilidoso, más contundente y más aplaudido que El Chicharito. En estepartidosejuegamucho más que el campeonato del colegio: sedisputalaadmi-ración de niñas, el elogio de maestros y el apapacho de los padres, que miran la reyerta deportiva con suma atención.
El padre de Javiercito es el famoso "Chícharo" Hernández, un jugador profesional que por estos años jugaba con Morelia.
El torneo escolar está caliente, el torneo profesional también. El equipo del Morelia acaba de ganarle 1-0 al Cruz Azul y la esperanza de que llegue a la liguilla mantiene animados a los f ans del equipo de la ciudad. La selección del 4°A tampoco lo está haciendo mal en esta tibia mañana de octubre del año 1997. Ese día comenzó todo.
El futuro de este niño de nueve años está marcado por el árbol genealógico. Su abuelo materno, Tomás Balcázar, fue seleccionado en el Mundial de Suiza 1954, donde anotó un gol a Francia. Cincuenta y seis años después su nieto ado -rado haría exactamente lo mismo.
Pero no vayamos tan rápido. Volvamos al Piaget, colegio particular de amplio prestigio en la ciudad, de donde han salido muchos jóvenes exitosos. El más conocido de todos sería Javier Hernández, quien intenta por todas las vías llevarse la victoria ante el equipo de "El Pichi", con quien lo une una rivalidad deportiva muy marcada.
Todo el tiempo están compitiendo. En los cien metros planos, El Chicharito es más rápido, pero en la cancha de fútbol la situación se empareja, pues Pallares tiene mejor dominio de balón.
Caen muchos goles de ambos lados, cortesía de Hernández y Pallares, quienes se miran de reojo, vigilándose mutuamente. El marcador final favorece al 4o B, por 4-3 ¿05-4?, no recuerda con precisión el profesor de educación física Martín Olmos, que fungió ese día como árbi-tro del partido.
El silbatazo final lacera losoídosde"ElChicharito:. La derrota duele. Llora desconsolado a un lado del terreno de juego. De inmediato acude su papá a confortarlo. Esa imagen sí que la recuerda nítidamente el maestro Olmos, sentado en la banca donde lagrimeó el niño.







